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La adolescencia es una etapa en la cual los jóvenes experimentan cambios físicos  y descubren muchos aspectos de su personalidad que les permitirán desarrollar su pensamiento y moldear el comportamiento futuro.

El noviazgo es uno de los temas más importantes en la agenda adolescente, pues está relacionado con el nivel de relaciones sociales y reconocimiento que el joven experimenta en esa edad. Aunque muchos consideran que el noviazgo es algo efímero, y que puede cambiar de un momento a otro sin dejar huellas sensibles en sus vidas, lo cierto es que la selección de una pareja en ese periodo suele dejar rastros que para muchos son difíciles de superar, inclusive en la adultez.

 Las razones por las que los jóvenes deciden mantener una relación son variadas: amor, deseo carnal, presión social, desesperación por un ambiente familiar violento entre otras. Las modalidades para conquistar o mantener este vínculo también son diversas y han sufrido cambios significativos.

Mientras que en el siglo pasado, el noviazgo se relacionaba con el establecimiento de un compromiso formal, en el cual los participantes se conocían, preparaban para el matrimonio y recibían el aval de los padres de ambos y hasta de la comunidad en la que se desenvolvían, hoy en día, iniciar un enlace de este tipo no conlleva compromisos con terceros ni mucho menos aprobación de la parentela.

Los novios del nuevo milenio se conocen, muchas veces, de manera no presencial, es decir, con ayuda de algún buscador social. El intercambio de palabras y expresiones de afecto se manifiesta por diversas aplicaciones virtuales, en las que los involucrados hacen gala de sus sentimientos o deseos sexuales.

Suponer que el noviazgo adolescente lleva implícita la actividad sexual es, en su mayoría, una realidad. El constante bombardeo de imágenes sensuales, la facilidad para acceder a ellas y la poca supervisión de los padres ante sus actividades amorosas, son el aditivo perfecto para fomentar el sexo a temprana edad, bajo el nombre de noviazgo. Obviamente la superficialidad con la que ellos comprenden el término, permite que los novios se vuelvan desechables y que la cantidad de parejas que cada joven tiene en edades temprana aumente. 

Por otro lado, el romanticismo idílico es otro factor que aumenta  las posibilidades de tener un noviazgo en la adolescencia. Aquí, los participantes de la relación buscan justificar cada actividad carnal con amor y algunos llegan a comprometerse tanto  con este ideal, que si uno de los dos falla, pueden sufrir depresiones severas y hasta suicidios en su nombre.

Bajo esta perspectiva, debemos suponer que el noviazgo en esta etapa es una necesidad que no se puede obviar, ya que permite que los jóvenes reconozcan el valor del amor en una dimensión diferente a la paternal. No debe catalogarse como bueno o malo, pues cada situación es diferente y los resultados pueden variar según el grado de madurez de los involucrados y la orientación que hayan recibido sobre el tema. Así, algunos lo tomarán como un desahogo a sus instintos sexuales y otros lo visualizarán como una manera de reconocer a la persona con la que podrían compartir buenos momentos no solo en el presente, sino en el futuro. 

 

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