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CUANDO LO QUE COMES PUEDE PROVOCARTE CÁNCER 

Efraín tiene tan sólo 19 años. A su corta edad padece de una enfermedad que no tiene cura debido a que no pudieron contrarrestarla a tiempo, y actualmente es uno de los males que más se propaga a pasos agigantados. 

“Constantemente iba teniendo muchos dolores de estómago, pero no imaginé en ningún momento que fuera cáncer, pues solo tengo 19 años y jamás se me pasó por la cabeza que yo pudiera ser portador de esta enfermedad”, cuenta Efraín. 

Según el cuadro clínico de Efraín, todo indica que el principal causante del cáncer que padece fue la inadecuada alimentación desde su niñez, pues afirma, con una sonrisa burlona, que en su alimentación nunca consideró los  vegetales ni ensaladas; pero sí recuerda los atracones de golosinas, comidas rápidas y bebidas carbonatadas con sus amigos y familia.

A nivel mundial existen muchos alimentos con altos contenidos de grasa, condimentos, azúcares, químicos, acidulantes, bebidas carbonatadas con colorantes y saborizantes de todo tipo, entre otros,  los cuáles no sólo pueden producir cáncer, sino otro tipo de enfermedades que también son de gran impacto para la salud como la obesidad, diabetes, hipertensión, enfermedades cardiovasculares, etc.

La Organización Mundial de la Salud considera como un problema serio y de poca consideración en las personas, los tipos de alimentos y las cantidades que consumen de estos. 

Para la OMS el contenido calórico, nutricional, la hora y forma en qué se consumen los alimentos son factores desencadenantes de enfermedades crónicas como el cáncer digestivo. 

“Somos lo que comemos”, es un dicho muy sonado y al que no se otorga mayor atención, sobre todo si se lleva una vida con demasiadas actividades que no permiten preparar comidas saludables que equilibren y aporten lo que el cuerpo necesita para mantenerse sano y rendir mejor.

La mala nutrición inicia en casa y son los padres de familia los primeros responsables en enseñar al niño y adolescente a tomar los alimentos que su cuerpo necesita y no solo saciar la necesidad de comer raciones de poco aporte nutricional. 

La pizza, pollo frito, hamburguesas, embutidos, papas fritas, carnes rojas, golosinas, alimentos enlatados procesados o preservados  y todas aquellas consideradas como “comidas rápidas” pueden llegar a producir, en algún momento, un acumulo de grasa en las arterias, y es allí cuando se empiezan a producir diferentes enfermedades como el cáncer digestivo. 

El cáncer puede manifestarse  a cualquier edad y alojarse en diversos lugares. En niños y jóvenes se desarrollan por una malnutrición en áreas como estómago, intestino, recto, hígado, colon, y sistema digestivo en general.

Expertos en nutrición opinan que los adolescentes deben ingerir por lo menos unas cinco verduras y tres frutas diarias, así como una proteína en el almuerzo, ya sea de carne o pollo, pero siempre acompañado de verduras. Asimismo, sugieren que en la cena  sustituyan las harinas y tortillas e ingerir alimentos livianos. 

Cambiar la alimentación no sucede de la noche a la mañana, por ello, debe considerarse  iniciar con pequeños cambios  y reducir las cantidades de aquellas comidas o bebidas adictivas que se convierten, a corto plazo,  en asesinos silenciosos.  

 

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